jueves, 28 de octubre de 2010

EL RATÓN REQUESÓN

Aquí os dejo un relato escrito por un compañero vuestro de 1º ESO B: Álvaro Cintas Ruiz.


EL RATÓN REQUESÓN

En las alcantarillas de un pueblecito del interior, llamado Tufolandia, vivía el ratón Requesón. Era un ratón muy deportista y su pelo era de color marrón con una gran mancha blanca. El ratón Requesón tenía una prima llamada Tea, que vivía en las alcantarillas de la Isla de Ratolandia.
Requesón, cansado de tanto frío, decidió visitar a su prima.
Preparó la maleta sin olvidarse del bañador, la toalla, las chanclas y la sombrilla, ya que en la Isla de Ratolandia tenían unas playas buenísimas. A las 8: 30 partió hacia la Isla de Ratolandia y llegó a las 11:30.
Al llegar Requesón, exclamó:
-¡Bien, ya estoy en el Caribe! Ahora buscaré a Tea.
Tea era una ratita menuda con grandes ojos y los bigotes recortados y con el pelo negro. Requesón preguntó a un ratoncito que pasaba por allí:
-¿Conoces a Tea, la ratita más presumida de la isla?
-Sigue la alcantarilla hasta el final y la encontrarás-respondió el ratoncito.
Requesón siguió el camino y llegó a donde vivía Tea. Llamó a la puerta y enseguida le abrió una linda ratita, que al verlo, exclamó:
-Primo Requesón, ¡qué alegría verte por aquí!
-Tea, cada día estás más guapa-respondió Requesón.
-Pasa, por favor. Estás en tu casa.

Tea llevó a Requesón a la habitación de invitados. Mientras Tea preparaba limonada, Requesón salió a la terraza, desde donde se veía la playa.
Tea se sentó junto a Requesón y le dio una limonada. De repente, Tea se puso a llorar.
-¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?- preguntó Requesón.
-Porque hay un cocodrilo que no nos deja bañarnos en la playa.
-Esto hay que solucionarlo. Os ayudaré a echarlo de Ratolandia para siempre-contestó Requesón.
Requesón y Tea se pusieron a pensar en un plan para atrapar al cocodrilo y que se fuera de allí para siempre.
Requesón, que era astuto y tozudo, por fin tuvo una idea y se la contó a Tea.
- Tea, he tenido una idea. Tenemos que hacer que el cocodrilo se trague un reloj y hacerle creer que es una bomba y que si no abandona Ratolandia estallará. ¿Qué te parece, Tea?
- Me parece una idea estupenda- respondió Tea-. Yo sé qué hacer para que el cocodrilo se trague el reloj: ponerle carne para que coma y esconder el reloj entre la carne.
-Buena idea- dijo Requesón.
Entre todos los habitantes de la isla compraron carne y escondieron el reloj. Se la llevaron al cocodrilo mientras estaba dormido y la dejaron allí. El cocodrilo, al despertar y ver la carne, dijo:
-¿Qué fiesta es hoy? ¡Qué buena merienda!
Se comió toda la carne con el reloj dentro. Al terminar, leyó una nota que decía:
"TE ACABAS DE COMER UNA BOMBA. ESCUCHA EL TIC-TAC: SI NO ABANDONAS LA ISLA LA HAREMOS ESTALLAR."
El cocodrilo escuchó el tic-tac en su barriga y se asustó mucho.
-¡Por favor, sacadme esto de aquí!- les dijo el cocodrilo.
Requesón le respondió:
-Si te marchas y no vuelves, haremos que la bomba no explote y cuando pase un tiempo dejarás de oír el tic-tac.
Requesón le dijo a su prima que cuando la pila del reloj se parase dejaría de sonar y entonces el cocodrilo estaría ya muy lejos.
El cocodrilo se marchó y todos los habitantes de Ratolandia le dieron las gracias por haberlos ayudado. Y así volvieron a bañarse en la playa, sobre todo, Requesón, que estaba deseoso de darse su primer baño.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

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